¿De qué color es la violencia, de qué signo, de qué naturaleza? Lourdes Mondéjar

Esto no es una crónica, una noticia, una proclama feminista, ni siquiera una suerte de verbalización de lo que es vivir en una sociedad que se dice demócrata, inclusiva elegetebeiqüista y más. Y por el título, no te entusiasmes, no se corresponde con el contenido.

Han pasado en esta semana, que no en pretérito perfecto porque permanecen, en el ámbito político distintos hechos, declaraciones, acciones y también contraindicaciones. Sí, consecuencias de lo ocurrido, unas veces reactivas, otras proactivas, reaccionarias y revolucionarias.

Solo sí es sí. Los pasillos del Congreso de los Diputados, la tribuna de oradores, la Fiscalía del Estado, el Supremo, la ceremonia de la confusión en plena cocción. Tú déjala unos minutos más y cuando empiece a pitar la olla a presión apagas y la retiras, porque hay muchos calderos al fuego.

Otra cosa es qué es hoy revolucionario, pero no está el horno para repostería, hay hambre y hace falta gofio y pan, no sucedáneos. Hay violencia sí, lamentablemente sí, dos veces sí. Hace falta justicia. Percibimos los flashes que las palabras provocan, los dardos de quienes tienen el don de la palabra, o de los que se arrogan la palabra precisa, en esta semana sin sonrisa perfecta.

Se quedó Pablo, porque está en nuestro imaginario, porque pervive como la estrella, una estrella azul. Es como A la mar fui por naranjas, me evoca Marinero en tierra, pero mejor hoy recordar a La Pasionaria, que ayudó a parir a mi abuela Rafaela. ¡Cuántos colores en la paleta!, ¿verdad? No estoy nombrando el color negro, la palabra feminicidio, de las miles de rosas que no están para contarlo, las que están amordazadas o las que tienen miedo.

Esta semana la selección iraní, dando lecciones al mundo occidental, al Primer Mundo, el opuesto a donde sale el sol, donde en el Siglo de la Luces nació la Ilustración, la Revolución Francesa, la Declaración de los DDHH y la criatura del Tratado de Roma, hoy Unión Europea.

Entre tanta Historia de la Razón unos resquicios de mujeres, Olympe de Gouges, Rosa Park en la guagua, Clara Campoamor en la República. Recuerdo a Luther King, a Mandela, ¿Por qué me vienen estos personajes, estas personas a la mente? Me he dado cuenta. Destacan en escenarios de violencia, emergen, sobreviven o resisten, siempre que un tajo mortal no se los lleve por delante.

Hoy es el Día contra la erradicación de la Violencia contra las mujeres y contra las violencias física, sexual, psicológica, económica y vicaria. Ayer unas comentaristas discutían si se puede hablar de violencia política desde el punto de vista de género. Yo añado la violencia en el lenguaje, hasta en la Real Academia de la Lengua.

Me he referido a los hechos como hechos verbales, no a hechos reales de todos esos tipos de violencia que he mencionado. Hay hechos que no tienen palabras, porque las víctimas ya no pueden hablar, porque están amordazadas o porque tiene miedo. O las que ni siquiera se podrían contabilizar, no hay quien lo haga, acabaron con todas. O los feminicidios en la edad de la inocencia, o los infanticidios que, lamentablemente suman más. Una cifra significativa que señalar este año: a un mes de la erupción del volcán de La Palma, las denuncias por violencia machista se incrementaron un 60%.

Nos vemos esta tarde, en la manifestación. Yo voy con mi camiseta violeta, esta vez de Harimaguada, con las letras del arcoíris.

¡JUNTAS, DIVERSAS, SIN MIEDO: NI UN PASO ATRÁS!

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