La invasión de los ultracuerpos. Paco Déniz

En aquella película, Donald Sutherland también terminó contaminado del virus gelatinoso que clonaba humanos en seres muy extraños.

Tardaron en darse cuenta de que algo le estaba pasando a la gente, pues su carácter había cambiado, se mostraban muy raros y caminaban como zombis que seguían un llamamiento de origen difuso.

Y aunque nadie recordaba cómo se habían contaminado, las consecuencias fueron desastrosas para aquella comunidad, con la desconfianza y el temor en aumento.

Todo el mundo comenzó a desconfiar del prójimo.

Con la pandémica ignorancia está sucediendo lo mismo, que mucha gente se imbuye de algunos mensajes y los repite y propaga cual postulados de vida y, además, con una intransigencia que cualquiera les discute nada.

Es el caso del odio contra los inmigrantes negros y pobres, es difundir la ilegitimidad de los gobiernos y de las urnas, maniobrar para desgatar al gobierno que procura sacarnos de la crisis sanitaria de la manera más razonable y ordenada posible.

Y en esas están las derechas varias, sabedoras que las crisis desgastan a quienes la gestionan.

De hecho, algunas dirigencias políticas y otros agentes sociales y de la comunicación llevan problematizando estas cuestiones como si se nos fuera la vida en ello, con un dramatismo escénico participado que consiste en calentar el ambiente y dirigir cualquier cosa contra el gobierno, incluidas peleas en un aparcamiento, pero solo si quienes se pelean son más morenos que nosotros.

Fue Galdós quien dijo que la mayor miseria es la ignorancia. Pues bien, lanzar bulos y forzar mentiras y medias verdades construye la ignorancia. Emular al Ku Klux Klan (KKK), ni les cuento.

Se trata de que los ultra cuerpos se vuelvan cotidianos. Una pelea, un hotel lleno de gente pobre, una cola en una panadería, todo debe convertirse en una cuestión de vida o muerte, todo menos sumar apoyos para revertir la crisis sanitaria y económica que tenemos encima.

Por ello, para estos grupos y personas y dirigentes políticos derechistas, canalizar cualquier circunstancia para derribar al gobierno progresista es el objetivo. Y si tienen que coger prestado el discurso de Trump sobre la ilegitimidad de las urnas, pues también.

Al carajo las normas democráticas. Todo vale con tal de devolver al poder a los suyos, aunque sea esgrimiendo valores y mañas antidemocráticas de libro.

Pescar votos donde sea, como si es en el fango, darle el discurso que algunos quieren oír, es decir, populismo derechista del más barato, pues se lo dan y ya está.

El objetivo es lo principal, devolver el poder a los de siempre y no tocar ni un centímetro cúbico de privilegios consolidados. Y si algunos llaman a golpes de estado y a fusilamientos pues… la vida es diversa y, al fin y al cabo, por lo visto, los discursos y los mensajes no son responsables de conformar el sentido común. No, qué va.

Solo al final de la película se pudo frenar la expansión de aquellos clones humanos babosos y desagradables, al final se impuso la cordura, pero lo que dejaron por el camino fue una sociedad muy dañada y desconfiada.

Un caos. Claro que, algunos viven mejor en el caos.

Se fue Donald Trump, pero quedan éstos.

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