¿Por qué somos africanos y no pasa nada por serlo? Domingo Gari

El gran historiador de la ilustración Viera y Clavijo comenzó su obra diciendo: “estas islas pertenecen al África”. Lo cual ni siquiera era necesario que lo escribiese don José, porque incluso en el siglo XVIII la cosa estaba muy clara para cualquiera que mirase el mapa.

Ser africano se puede tomar con la total naturalidad de saberse como tal y asumirlo, o vivirlo como un error de la geografía y de la historia y no querer reconocerlo, lo que te lleva a estar toda la vida negando esa parte de ti. Tener que negarte constantemente como africano, solo es explicable porque tienes una cultura y una mentalidad racista de tal magnitud que, en el supuesto de reconocerte como tal, terminarías odiándote a ti mismo. Es más fácil negar la evidencia y vivir en la alienación. Al fin y al cabo forma parte de la condición moderna vivir alienado.

África no es un país, sino un continente inmenso lleno de países diversos. No es reducible a los estereotipos de nuestra mirada racista. África está llena de millones de negros y de millones de blancos. Entre los blancos hay rubios, contra los que seguro que no hay nada que objetar. También está llena de feos y de guapos. Hay un montón de gente pobre y otro montón de gente rica. Muchos juegan al tenis, al paddle, al futbol o al baloncesto. Otros muchos nadan en piscinas y practican el golf. Hay millones de supersticiosos musulmanes, animistas y cristianos. Otra cantidad considerable son ateos. Como en todas las partes del mundo, comunistas debe de haber menos en estos tiempos, pero liberales y posmodernos hay a porrillo. La inmensa mayoría de los africanos viven en el continente, pero hay unos buenos millones que vivimos en islas. En África hay una buena cantidad de islas, unas son pequeñas y otras son enormes. Y las playas inmensas están por todos lados, en nuestra islas también hay. En África hay varios millones de africanos que hablan español. Somos pocos en términos comparativos, pero al menos en Guinea Ecuatorial y el Sahara Occidental junto con Canarias, Ceuta y Melilla alcanzamos más o menos los cuatro millones.

A millones de africanos les gusta la música clásica, el jazz, el rock, hip hop, el reggae y todos los ritmos que podamos imaginar, y tienen compositores y grupos muy buenos de todos esos estilos. En África existe una riquísima literatura de calidad, escrita normalmente en las lenguas coloniales, pero no por ello menos africana. Y también una filosofía de gran nivel, así como una historiografía digna de las mejores. Maravillosos artistas plásticos exponen su obra en cotizadas galerías del mundo. A millones de africanos les gustan sus tradiciones, pero a otros millones no les interesan, y denostan el machismo, el patriarcado y los rituales de las sociedades tradicionales. Muchas mujeres africanas son feministas, y no dejan de empujar por ampliar y consolidar los derechos propios de la modernidad, entre los que se encuentra la igualdad entre los géneros. Por supuesto, que muchos millones de ellos odian la corrupción, sí, también hay corrupción en África, y luchan contra gobiernos opresores y corruptos, y los que no pueden hacerlo tratan de escapar, como hicieron decenas de miles de canarios en los años 40 y 50 del siglo pasado, que también huyeron en oleadas migratorias hacia Venezuela para librarse de la corrupción y el gobierno opresor de entonces.

Millones de africanos han perdido la esperanza que las independencias prometían. El neocolonialismo y la colonialidad frustraron los sueños que las generaciones precedentes trataron de poner en pie, y por la que muchos millones perdieron la vida. Las corporaciones europeas y norteamericanas en alianza con los déspotas en muchos países africanos, convierten en un infierno la vida de muchos de ellos. El asalto a los recursos naturales que luego se exportan hacia el norte del mundo, sumerge a África en el atraso y la dependencia. Y en Canarias estamos mejor, porque aunque seamos una sociedad dependiente con la mitad de la población en la precariedad laboral y económica, el paraguas de la UE nos mantiene en unos niveles de contradicciones soportables. Pero eso no significa que por ello dejemos de ser africanos. Nuestro futuro, todo nuestro potencial verdadero, solo se disparará cuando de verdad dejemos de estar asustados de ser africanos, y potenciemos al máximo las oportunidades que eso nos puede brindar. En el mundo poscolonial no hay que ser un estado independiente para hacerlo. El continente y casi todas sus islas se libraron del colonialismo en el siglo XX pero no de la colonialidad. La lucha política hoy está ahí. La primera batalla que deben librar los canarios contra la colonialidad es reconocerse como africanos.

José Díaz de Villegas, general africanista, geógrafo y director general de Marruecos y Colonias entre 1944 y 1968, se refería a Ifni como “una isla más de aquel archipiélago varada en pleno continente”. Y en un documento de la Alta Comisaría de España en Marruecos, otro organismo colonial, se decía en 1946: “La relación histórica, ininterrumpida y constante, mantenida con esos Territorios por el Archipiélago canario, sus afinidades raciales, su analogía geológica y la identidad de su clima, son fundamentos suficientes para poder establecer que […] las Canarias y la costa vecina del continente africano constituyen otra unidad geopolítica”. Un franquismo desacomplejado y consolidado en aquel entonces nos puso en nuestro sitio.

A estas alturas hay que recordar que las relaciones de Canarias con el Sáhara Occidental se vieron truncadas con el inicio de la guerra de liberación de los saharauis, tras la entrega que España hizo de ese territorio al reino de Marruecos. Pero antes de eso, miles de canarios vivían en el Sáhara. Muchos nacieron allí. Las relaciones comerciales y humanas entre los saharauis y los canarios fueron durante décadas, si no siglos, muy fluidas. Nada de esto se enseña en nuestros colegios, pero todos los que sobrepasamos la cincuentena lo sabemos perfectamente. Canarias comparte con los saharauis uno de los mayores bancos de pesca del mundo. Y antes de que Marruecos iniciara su expansión colonial hacia el sur, y con ello se arruinaran las opciones de la pesca artesanal en el zona, la flota canaria era muy importante.

Ya sabemos que en Canarias además de la inmensa mayoría de los canarios que no se reconocen como africanos, existen miles de colonos que, evidentemente, tampoco se reconocen como africanos, ni siquiera como canarios, pero esa evidencia no debe hacer olvidar la indestructible verdad de que queramos o no, todos los que vivimos en estas islas, vivimos en África. Y los que nacen y viven en África son africanos, igual que los que nacen y viven en Europa son europeos y lo mismo pasa con los americanos y con los chinos, incluso con los descendientes de los portugueses de Macao, que también son chinos, y con todos los demás pueblos del mundo, sin ver yo ninguna razón que esa verdad tan de perogrullo no sea aplicable a los canarios. Claro que existe la opción de ser un colono. Un colono es un fulano que vive ocupando una tierra que no le pertenece y se expande por el territorio de otros. Esto lo hacen mucho los colonos israelíes en la tierra de Palestina, o los colonos marroquíes en las tierras del Sáhara Occidental. Pero ese no es nuestro caso.

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